Bucaramanga: veinte años de acid techno y cultura 303

El rugido filoso de la 303 ha marcado la pauta de varias generaciones en la música electrónica. Las free parties de Londres e instituciones discográficas como Stay Up Forever han sido escuela para DJs desde hace casi 40 años. Este estilo de carácter punketo se mantiene vigente gracias a leyendas como los liberators, los raves comerciales, y las escenas locales que han florecido a través de los 2000.

“Allá lo que suena es el acid”, es la consigna que unx escucha regularmente cuando hablan del circuito de Bucaramanga, una ciudad montañosa que ha sido epicentro de movimiento y esperanza para referentes mundiales como Acid Chochi, Chris Liberator o el comandante Zyco. Para desglosar este fenómeno, hablamos con cuatro personas que le han dado cuerda a esos basslines y al golpe seco de la 909 durante 20 años.

Para comprender el nacimiento de esta escena, es necesario salirse de la óptica de las capitales y del cemento de los clubes. En Bucaramanga, la rumba electrónica nació desplazada, entre el paisaje y el verdor de la meseta. Sanmi303, uno de los artistas visuales y musicales más constantes de la región, describe cómo la desconexión urbana fue un punto crucial en la construcción de esta cultura: «A decir verdad, no es que recuerde muy bien, pero aproximadamente entre 11 y 13 años… casi que todas las fiestas de Bucara son tipo aventura, es decir, pasear, acampar, amanecer y pasarla una chimba en los escondites de las montañas que rodean la ciudad».

Dominada por los sonidos hegemónicos de la fiesta colombiana, el reggaetón y el vallenato, la electrónica bumanguesa carecía de un venue o una infraestructura que sostuviera ese peso. Fue en la periferia donde germinó un circuito indómito cuyas garantías eran los fincazos o miradores como el Salto del mico, ese lugar donde Sanmi tuvo su primera fiesta junto a parceros del skate, los bien llamados “patinetos” Para él, encontrarse con los referentes locales en medio de un paraje natural no solo reconfiguró su idea de lo que significaba salir a bailar, sino que sembró una conexión con una idea de resistencia que estaba surgiendo en una de las regiones más conservadoras de Colombia.


La incursión de Sanmi en la escena arrancó a través de la gráfica: diseñando volantes, convocando en las calles y gestionando entradas para sus amigos cercanos. Paralelamente, se apasionó por la caza de tracks y la gestión de espacios a través del colectivo Desenchufate303. “El nombre surge de una acción directa: “desenchúfate, chufate, vete a descansar”, una forma simple y directa de comunicar lo que queríamos: desconectar para conectar”.


Sanmi ha sido una de las firmas que ha abanderado el acid de Bucaramanga en Bogotá, en su momento las fiestas de Desenchufate llamaron la atención en la pospandemia por el amarillo de sus flyers, su espíritu comunitario, y el potencial que tenía como laboratorio creativo. De hecho, este artista reconoce que en el ambiente capitalino también se transpiran los valores del acid en festivales como Bogotrax: “free people, punk y anarquista”, pero añade que la mejor fiesta que se ha pegado ha sido con Guy McAffer, el mismísimo Geezer, en Bucaramanga.


“Durante más de 15 o 20 años ha habido personas creyéndole profundamente a este sonido. Gente que ha trabajado desde lo underground, organizando fiestas en las montañas, arriesgando, metiéndose la mano al bolsillo, invirtiendo tiempo y energía simplemente por hacer crecer la escena y el sonido. Esa constancia, esa convicción y esa autogestión han construido una escena real. No fue improvisado, ni de suerte, ni pasajero; es el resultado de años de trabajo.”


La importación de artistas globales nutrió el oído local, anticipó una era dorada, y dejó un mensaje: “construir desde aquí y apostarle al acid como algo más que una fiesta: como una cultura”. Nombres como Acid Chochi, Stinky y el incansable LuchQ operaron como catalizadores esenciales en distintas etapas del movimiento en Bucaramanga. LuchQ , en particular, ha sido un actor clave según varias personas del circuito bumangués

El mismo Lucho Quintana o LQ se baja de la nube de ser un precursor absoluto y reconoce que la consolidación del acid en Bucaramanga ha sido obra y gracia de un trabajo colectivo que involucra a agentes como Zigodik o Zyco. Su memoria le dice que a los dieciséis años la ciudad ya contaba con una cultura fértil de selectores, promotores y rumbas organizadas.


“Mi proceso ha sido largo, pero siempre enfocado en aportar a la ciudad. No solo siendo DJ, sino creando espacios: haciendo eventos, armando colectivo, creando parche. Porque después de tocar, el verdadero aporte es construir escena.”

Para Lucho, la madurez en el under no se mide por las horas de vuelo tocando ni por el protagonismo en el cartel, sino por una vocación constructiva de largo aliento. Su trayectoria ha estado guiada por la necesidad de aportar de forma tangible a Bucaramanga, dándole lugar al booking nacional y construyendo espacios que expandan la experiencia del djing como face to face, 3 decks, y fiestas tipo Boiler Room. “Este año lanzamos el sello Bucara Acid City Records, y cumplimos 3 años con BPM Studio, que es un espacio creado para la comunidad electrónica en Bucaramanga: formación, práctica profesional, grabación de sets y producción musical”.


El crecimiento de la escena también está respaldado por hitos logísticos atesorados por LQ. Compartir cabina con Dave The Drummer sentó un precedente y dió luz verde para seguir por ese camino. Pero no todo sale bien y suena sencillo, porque en su momento tuvo que cancelar un evento dos días antes con Acid Chochi por problemas en su vuelo. Pensaron que todo se había perdido, pero reprogramaron la fecha y todo salió mejor de lo previsto. Y en el tiempo reciente destaca el fiestón que armaron con Geezer, “después de casi 9 años, lo volvimos a traer y logramos una fiesta de casi 700 personas. Eso para el acid del Bucaramanga es gigante”, aprecia Luis.


Tanto Sanmi como LQ coinciden en la idea de que el circuito ha madurado en términos de producción musical, a nivel de sonido en la ciudad. “Porque ya no es solo consumir, sino crear. Y ahí es donde la escena realmente crece, puntualiza Lucho. Es decir, los avances en infraestructura y la convocatoria de eventos han sido valiosos, pero para la consolidación de una cultura es necesario desarrollar propuestas, construir identidad e investigar como bien añade Sanmi.


Lucho comenta que Bogotá se mantiene como el epicentro y filtro principal del país, porque allí ingresa la influencia internacional que luego impacta al territorio nacional. Y en el contexto de Bucaramanga, establecimientos como Municipal Música Viva resultaron cruciales en este engranaje, sirviendo como espacios abiertos donde cualquier curioso podía cruzarse con la cultura electrónica por primera vez y con el tiempo volverse DJ del lugar.

Así fue el caso de Aleja Buitrago, un nombre que sobresale constantemente hablando con DJs, gestores y personas de la escena de Bucaramanga. Aleja lideró una revolución sónica dentro de Municipal Música Viva, un recinto consagrado a los conciertos en vivo que inicialmente no le daba mucha cuerda a la electrónica. Apoyada en su perfil de productora audiovisual, convenció a los dueños de cederle los miércoles o jueves, días de baja afluencia. Publicitando fiestas, llevando sus propios equipos y donando las taquillas a fundaciones veterinarias para pagar cuentas de animales desamparados, logró abrirle espacio a fiestas donde el pulso inicial iba a 130 BPM. “A veces veo los flyers de ellos y yo digo: qué bacano que ahora le dan la oportunidad a otro tipo de géneros más fuertes dentro de la misma comunidad”, 

Aleja empezó a asistir a raves de acid desde 2008 aproximadamente, y a través del tiempo conectó en forma con las tornamesas. En ese entonces el formato digital no era el estándar y el vinilo era la forma predilecta para conducir los raves montañeros. Y es que tocar en vinilo era otro cuento y se prestaba para momentos de alto rigor como llegar a un festival al aire libre y descubrir que las tornas estaban sobre una mesa plástica, en un terreno inclinado que hacía saltar la aguja con cada vibración. En otra ocasión, pocas horas antes de un toque en Bucaramanga, un cortocircuito quemó la máquina; la urgencia la empujó a desarmar el chasis y, guiada por videollamada por un amigo, aprendió a cambiar los fusibles del equipo.

En un contexto como el de Colombia financiar una colección de discos de vinilo es una odisea financiera, María Alejandra debía importar sus catálogos directamente desde distribuidores en Londres o rastrear prensajes históricos en Discogs.” Yo tuve varias experiencias y aprendí que era mejor comprar de a 8 discos como mínimo y sin pasarse de 2 kg para no pagarle más al avión. En ese momento un disco instalado en mis tornas podía salir entre 70.000 y 100.000 pesos”, comenta Alejandra. 

“Amelie Lens y varias chicas le meten acid a las canciones, pero no es acid techno; o sea, el cuerpo del acid techno para mí tiene 303 y 909, mucha percusión, mucha batería, y en esas músicas no se siente eso tanto”, asegura la DJ. Esta visión crítica de Aleja nos ayuda a discernir entre sonoridades ácidas y a darle un lugar al acid techno, porque de esa forma entendemos los códigos sonoros que fundamentan y caracterizan a dicho género.

«A nivel global, el acid techno es para públicos muy reducidos. Somos muy pocos, la verdad. Por eso es rarísimo ver ciudades que se casen con un género y que el nicho se mantenga vivo. Yo siento que los artistas de afuera veían a Colombia, y si podían ir a Bucaramanga, llegaban con una esperanza… Como diciéndonos: “manténgalo, sosténgalo, cuídenlo como una luz”

Actualmente Aleja reside en Miami y ha tenido la oportunidad de contrastar las dinámicas entre varias escenas: la fiesta floja de technito piscinero con Carl Cox en Space, el toque impecable de Ben Klock en Time Warp y la distancia generacional que tiene hacia las tendencias de los raves comerciales . Sin embargo, ella destaca que São Paulo es una escena dinámica y viva que captó su espíritu cuando vivió en esa ciudad junto a Acid Chochi. Poder entregarle a Dave The Drummer en la metropolis de Brasil supuso una experiencia especial, “Ese día pasó algo muy charro, empecé a ver que los discos tenían tierra. Pues se hizo una grieta y cayó un pedazo que me partió el disco. Fue muy loco y quedó grabado en el set”, recuerda con gracia.

Entre todas sus vivencias, Aleja da fe de los míticos fincazos de Bucaramanga y del espíritu comunitario que había en las fiestas semanales, o en las recochitas, como les dice fraternalmente. En este momento de la conversación pudimos ampliar el zoom y considerar que el génesis del acid techno fue posiblemente en 2005 gracias a la gestión de Camilo Ortiz (Dj Lior) con su empresa Wave, el primer puente que conectó a la ciudad bonita con Zyco, Acid Resistance y Chris Liberator. Luego, este circuito mutó con colectivos como La Meseta Atómika en 2012 y Eureka, un parche que le dio continuidad al acid hasta la llegada de B-Side, el colectivo donde debutó Aleja antes de entregarle el timón a nuevas generaciones.

El 303 es un tag de culto que acompaña a varios devotos del acid techno, estos lo integran como parte de su alias para reafirmar la conexión con el acid, Soda303 es uno de ellos. Al igual que varixs colegas Soda ha abanderado el sonido del acid bumangués en Bogotá, su estilo punk lo ha referenciado como una figura que no se guarda críticas y trabaja constantemente en lanzamientos para su sello discográfico: Acid Room Studios. “Con el sello todo ha sido de constancia. Me motiva poder compartir con más artistas un mismo gusto. Las ventas siempre podrán ser mejores, aun así, nuestra música ha llegado a lugares del mundo que nunca imaginé”, aprecia .

La ambivalencia es una de las cosas que le cautivan a Soda del acid, “te gusta o no te gusta, o te provoca bailar o te provoca sentarte, o te soya o te malviaja, el acid techno uk es muy elaborado y elegante como también puede ser rata y pesado”. Pero deja en claro que en este género no hay espacio para mediocridades o minimalismos, siendo enfático en que la actitud y el mensaje son esenciales en un género que lleva un sentimiento rebelde tanto en luchas personales como colectivas.

Los fincazos de 2026 también fueron el punto de partida para Soda en el acid, desde su punto de vista LuchQ y los stinky kids hicieron escuela con el sin fin de fiestas de acid techno. Y que Acid Chochi con su cátedra de acid fue un puntos de inspiración y revolución para una generación que sentía consonancia con los tracks, labels y productores relacionados al astro brasileño. Cuando se le pregunta por las mejores fiestas de acid que ha tenido considera a las siguientes: Acid resistance 2021 en Bucaramanga, Dj smay, Tio toni y Zoge para mi los mejores y que mano de vinilos, acid infinito”

Para Soda el acid es un movimiento under que conserva sus valores originales más alla del paso del tiempo. Sin embargo, comenta que la atmósfera de las fiestas en general ha cambiado recientemente con el hype de las redes sociales y el complejo de superestrella que tienen varios artistas. Los promotores velan por su dinero y los asistentes no aprecian la música con el respeto que se merece. Al final, su motivación es impulsada por las drogas y no por el sonido. Antes poco importaba todo eso”, puntualiza el productor musical. 

Ante los horizontes futuros del acid la perspectiva de Soda es tajante pero franca, él cree que permanecerá en el underground y que todo depende de cada persona a fin de cuentas. “Supongo que para mi va hacia el incomodar, hacer sentir y abrir espacios de reflexión, no lo veo como un movimiento, sino como una responsabilidad personal para con el sonido”, concluye.

Por otra parte, la postura de Sanmi es más optimista y comunitaria. El gestor de Bucara cree que el futuro es brillante porque ya se ha sembrado y construido un camino a través del sonido. En sus palabras, “el reto es consolidar propuestas artísticas sólidas y seguir cuidando la esencia colectiva que nos trajo hasta aquí”. ¡Si se mantiene esa coherencia, el movimiento no parará de crecer!”

“Siento que va hacia algo más organizado y estructurado. Eventos más legales, más serios, con más peso dentro de la ciudad”, es la idea que tiene Lucho en este caso. LQ pronostica una ola fuerte de productores y sellos con mayor identidad local. Y es entusiasta en sus proyectos personales: “seguir construyendo desde el estudio, los eventos y la música… poco a poco, pero firme. Haciendo lo que nos gusta: tocar la música que nos representa y crear desde ahí, reflexiona.

Cuando Aleja dijo que el acid es un estilo de vida, es porque esa premisa está a la altura de lo que pasa realmente con esa cultura en Bucaramanga. 20 años de militancia y 303 son un legado que se mantiene fértil a través de sus valores, comunidad, y resonancia en el circuito global. Los fincazos, las recochitas, y las fiestas de Municipal Música Viva han sido el escenario propicio para que el kick suene y el baile siga vigente. Ahora, se vive un circuito hiperconectado, con una infraestructura seria, y posibilidades creativas que le dan oxígeno y futuro a este movimiento que es tanto local, como global.

*Colaboración y redacción: Víctor Lara, Comunicador Social y Periodista de la Universidad de la Universidad Externado de Colombia. Label Manager del sello Plasmodia e integrante de la mesa editorial de M.A.A.S desde 2021.

***