Nuestro último reportaje sobre el acid techno en Bucaramanga evidenció el sentido de pertenencia y el ambiente de fiesta que se vive en al Norte de Santander. No solo pasa con el 303, sino también con Atlético Bucaramanga y la cumbia, porque en esa ciudad se baila cumbia en las ollas, los estadios, el antro de confianza y el mercado de las pulgas.
La escena cumbiera de la ciudad se remite a un nombre en particular que tiene mucho peso: DJ Mil Libras. Con 43 años de edad, 15.000 seguidores en su Facebook, 20M de reproducciones en YouTube, y un centenar de temas este señor es la propia leyenda..trabaja de día en un taller mecánico, portando un overol con el escudo del A.B, pero en su faceta artística es una enciclopedia viva que identifica subgéneros y diferencia cada sonido de las regiones andinas.
Hablamos con Mil Libras de cara a su próxima presentación en Bogotá con Sonido Diabluras & Las Pulgas Bailan . Esta entrevista es una lección de curaduría, adaptación y maestría en el género ancestral de Latinoámerica.
¿Por qué se llama «Mil Libras»?
Pues la verdad, soy sietemesino. Nací muy pequeño y blanco. Un señor que vivía en la casa me puso así recién nacido. Han tratado de ponerme otros apodos, pero nunca funcionan. Me llamaron «Piolín» y de todo, incluso cuando empecé de cadete en San Bazar, donde empecé a andar con Mario, Alberto y Luis. Él y sus hermanos me pusieron otros nombres, pero nunca pegaron.
¿En qué tipo de espacios te ha tocado tocar? Ayer hablábamos de que están las fiestas, pero también del mercado de las pulgas u otros lugares. Quisiera saber en qué sitios has estado a lo largo de tu carrera.
Me he subido a muchísimos escenarios. Hubo un tiempo en que la cumbia era de estratos bajos; donde había una miniteca con baile, la acababan o llamaban a la policía. Yo seguí, empecé a vender casetes e ir por los pueblos y ciudades. Aunque la cumbia es colombiana, a veces la echaban a un lado. Mi trabajo fue dándose a conocer poco a poco y fueron apareciendo más coleccionistas «cibernéticos». Hoy en día la cumbia se escucha en todos lados en Colombia, incluso en Cali y en la frontera con Ecuador. He llevado la música demostrando un grupo tras otro; muchos grupos actuales tocan los mismos temas que yo puse a sonar en los años 90.
Llevo más de 30 años en esto. Tengo 43 y empecé como desde los 11 años. De niño me gustaba el Trance, el Factory, el House y el Techno, pero me entró al oído la música tropical por mi mamá. Empecé a coleccionar, buscar y comprar. He tocado en muchos lugares y terrenos; en escenarios grandes me respetan por la trayectoria y por lo que tengo guardado. Creo que me voy a morir y no alcanzaré a escuchar todo lo que tengo
Tiene una colección muy amplia…
Uy, demasiada; de grupos de Colombia, Argentina, Perú y Chile. La cumbia tropical es variada: empezó con la danza folclórica, luego en Perú la volvieron andina y le metieron guitarra. Hay diferentes estilos: la chilena es muy rápida, la más lenta es la mexicana y la argentina. Yo analizo a los «adversarios» en el campo de batalla para saber qué ponen y qué me falta poner a mí.
He escuchado en Internet mezclas o edits de cumbia. ¿En qué momento empezaste a experimentar con esas versiones arregladas?
Empezamos a meterles pistas en el año 2004 o 2005. Antes mezclábamos canciones originales sin base, lo cual era más difícil. Hoy las consolas tienen botones para sincronizar y todo es «pura fantasía», pero se ha perdido el oído. Queda la tarea de aprender de los discos, memorizar qué pega con qué, porque no todos los ritmos entran en el mismo sitio.
Antiguamente usaba Virtual DJ. En vivo usaba las Gemini 2000 o 2500 y las Technics. Hoy ya todo el mundo usa controladores y sincronización automática. Yo prefiero trabajar los bajos y medios manualmente para que brille la música.
¿De qué formas investiga y descubre música?
Todos los días me siento en la computadora a comprar, vender e intercambiar con coleccionistas de Chile y otros países. Ya no compro el material físico tanto como antes, ahora compro el audio. Cada día escucho algo diferente y si un tema ya está muy visto, lo saco de mi lista para innovar.
Compro producciones y audios. Hablo directamente con los grupos y músicos en sus páginas de Facebook o Google para evitar problemas de derechos de autor. A veces les arreglo un disco y si les gusta, me pagan por hacerles trabajos de mixes. Así conozco a los nuevos integrantes y guitarristas de grupos como Juan Carlos o Moisés.
Últimamente la cumbia ha estado influenciada por la electrónica. ¿Qué piensa de esa mutación?
Todo cambia. La música son notas que suben y bajan; si la canción es plana, no tiene sabor. Hay que estudiar el ritmo para saber cuándo ir rápido y cuándo suave para no cansar a la gente. Yo manejo varias velocidades y técnicas para que no se sienta el cambio.
Pasé de los casetes a tener todo en audio digital y fotografías de cada álbum. Conservo unos casetes originales que me dejó un amigo de crianza que ya murió; me pidió que nunca los vendiera y cumpliré mi palabra.
¿Qué país aprecia más por su cumbia?
La cumbia argentina y la mexicana son las que más me gustan, sobre todo las antiguas con guitarra, como los Astros de Argentina, los Charros o los Forasteros. No me gusta mucho la música sureña gritera, prefiero lo romántico como el Grupo Enlace o Amadeus.
El trasnocho también es un desgaste. ¿Cuál ha sido su fiesta más larga?
He durado semanas sin llegar a la casa porque todo el mundo me invitaba de un lado a otro. Bucaramanga tiene un ambiente de fiesta muy fuerte donde todas las generaciones aguantan mucho.
Es muy grato ser parte de esa cultura.
Claro, uno es el que lleva el control. Uno manda ahí: baja el volumen para que la gente cante y luego vuelve a subir. Es una sintonía con las personas.
*Colaboración y redacción: Víctor Lara, Comunicador Social y Periodista de la Universidad de la Universidad Externado de Colombia. Label Manager del sello Plasmodia e integrante de la mesa editorial de M.A.A.S desde 2021.
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